Cada imagen tiene dos caras, y cada una de estas mantiene una relación directa (tanto en términos formales como temáticos), con aquella que la precede y con la  que la antecede. Se  busca que la lectura de la pieza no se complete sino hasta que el espectador la observe de “ida y vuelta” (izquierda a derecha y derecha a izquierda).

Sobre el tacto

Dibujos realizados en tinta y gouache, y trazados con pincel y estilógrafo. Algunas veces incorporan textos. 

Realicé las imágenes a partir de la sobreposición de diferentes capas de papel albanene. El uso de este tipo de papel, así como las soluciones formales adoptadas en muchos de los dibujos, pretenden emular frágiles membranas y plantear relaciones de proximidad y distancia.

Los papeles son semitransparentes, de forma que puede verse parcialmente lo que sucede en las capas de abajo y nos permite incluso intuir aquello que ha sido obliterado. Pero no se revela en ningún momento la totalidad de lo que ocurre en los otros planos.

La mayor parte están pensados para ser vistos por ambos lados: No hay frente y revés, sino que se trata de dos imágenes enlazadas, de dos relatos simultáneos e interconectados en torno a una misma interrogante.

El tipo de trazo, y la laboriosidad que el mismo requirió para su elaboración, quiere establecer un paralelo con la actividad de bordar; un quehacer que tradicionalmente han asumido las mujeres no sólo para producir imágenes, sino para retirarse en solitario a pensar.

Se trata de un ejercicio para dejar que simplemente aparezcan una serie de imágenes que vienen a mi cabeza al pensar en distintas formas de relacionarnos con el Otro, y luego establezco conexiones entre ellas, a modo de puntos de bordado.